El descanso eterno es aquel que te desnuda completamente y mira al pecho, fijo, sintiendo cómo a la vez se desviste él, se acerca,
corre unas cortinas y cierra los ojos para besar tu hombro izquierdo, eriza unos cabellos hasta
entonces desconocidos y te empalma, fuerte, doloroso, capaz de tumbar a cualquier puta descosida,
notando además que sus lágrimas comienzan a fusionarse con las primerizas gotas seminales,
empapando el vacío, rompiendo la lógica del llanto, diseminando vida por todos lados,
¡pobres espermatozoides!, amárrense a esos caleidoscopios llamados flagelos, limpios, coloridos, pobres, resueltos a discernir
las entrañas de este Thanatos tan lento en sus movimientos, que lame la axila, ansía sentir cada filamento velloso en todas las honduras labiales, copular con
el sentimiento mientras le hace una mamada al amor, desvirgarte por fin, hacerte creer que, de verdad, estás muerto y no en una cama rodeado de sábanas rubíes, dos fundas de condón,
una humareda grisácea y el cálido aliento sabor ceniza saliendo del regazo de la Belleza, arrugada, grasienta, bella.
jueves, 21 de enero de 2010
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¿Y tú te lo crees?
ResponderEliminarDeja de mentirme con palabras adultas...
Deja de ser Tú.
además, pongo Claviolos, no cladiolos...
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